El Diccionario de la Cadena de Bloques publicado por la Oficina de Transformación Digital de Turquía define las organizaciones autónomas descentralizadas («DAO») como «estructuras organizativas autónomas y procesos de gestión en los que las decisiones se adoptan conjuntamente por todos los participantes en la red, en los que las reglas definidas por los protocolos de la cadena de bloques o por contratos inteligentes orientan las decisiones de los participantes y se establece un consenso de gestión automatizado».
Los participantes en una DAO pueden equipararse a los inversores de una sociedad cotizada, de modo que los tokens que poseen funcionan como acciones. Cada token de gobernanza confiere a su titular un derecho de voto y, por tanto, voz en la gestión de la DAO. Las actuaciones u operaciones codificadas en contratos inteligentes se ejecutan automáticamente una vez que la mayoría de los participantes alcanza un consenso. Las DAO carecen de órgano social que intervenga en su gestión, y todas las decisiones se adoptan mediante votación entre los participantes.
Aunque el funcionamiento de las DAO es razonablemente claro, la cuestión de su encaje en el ordenamiento jurídico sigue abierta, dado que no existe legislación al respecto.
Por analogía, las DAO pueden asimilarse a las sociedades simples. En el Derecho turco, el contrato de sociedad simple es aquel por el que dos o más personas se obligan a aportar su trabajo y sus bienes para la consecución de un fin común. Del mismo modo, todos los participantes en una DAO comparten un único fin, a saber, la consecución de un objetivo común mediante las actividades de la DAO. El Código turco de Obligaciones dispone que los socios de una sociedad simple deben repartirse todas las ganancias que correspondan a la sociedad. Las DAO, por el contrario, pueden destinar automáticamente las ganancias a otro fin colectivo, como una donación benéfica, que no beneficia necesaria ni directamente a los participantes. Otra semejanza entre ambas figuras es que ni las sociedades simples ni las DAO tienen personalidad jurídica.
Desde una perspectiva más amplia, sin embargo, las DAO entrañan riesgos muy superiores a los de las sociedades simples. Uno de los aspectos que deben tenerse en cuenta es que las DAO están expuestas a un elevado riesgo de ataques por parte de participantes malintencionados. Si el número de participantes malintencionados es suficiente para superar el umbral de consenso, estos pueden aprovecharse del sistema. Ahora bien, un ataque de este tipo puede no resultar acertado, ya que la DAO puede dejar de reportar beneficio a los usuarios malintencionados si todos los demás participantes abandonan después el sistema. Por otra parte, el contrato inteligente integrado en la DAO puede contener errores de programación, como ocurrió en el célebre «ataque a The DAO» de 2016, que dio lugar a la sustracción de más de 50 millones de dólares estadounidenses. Cabría plantearse asimismo si las DAO podrían recibir un tratamiento análogo al de las sociedades mercantiles.
No obstante, por el momento las DAO no pueden considerarse sociedades mercantiles en el sentido del Código de Comercio turco, porque (i) no son personas jurídicas y (ii) aunque se asemejan a las sociedades cotizadas en los términos antes expuestos, no están sometidas a la estricta supervisión que se aplica a estas.
En conclusión, aunque las DAO se asemejan a las sociedades simples, cabe entender que tales semejanzas no bastarán para que los tribunales turcos las traten como sociedades simples mientras no exista una regulación expresa en ese sentido. Se considera asimismo que la incorporación expresa de las DAO al ordenamiento jurídico resultaría beneficiosa, ya que, en teoría, encierran un gran potencial para agrupar a personas afines en la persecución de un objetivo compartido. Siempre que su código esté libre de errores, las DAO bien pueden emplearse para la financiación colectiva sin necesidad de confianza entre las partes o con fines benéficos. Por ejemplo, puede constituirse una DAO para donar una suma de dinero tan pronto como los participantes hayan reunido el importe fijado de antemano. Una vez alcanzado el importe objetivo, el dinero o los tokens recaudados se transferirán automáticamente a la cuenta de la entidad benéfica correspondiente.
La idoneidad de las DAO para la financiación colectiva es innegable, puesto que cualquier persona con conexión a internet puede participar fácilmente en la captación de fondos. Sin embargo, salvo que las DAO estén muy bien reguladas, resulta casi imposible descartar que sus contratos inteligentes sean defectuosos o sufran ataques.
